NIVELES DE CONSUMO

Existen múltiples formas de consumo de sustancias y riesgos asociados a las mismas. En función de aspectos como la sustancia en cuestión, la edad, las motivaciones al consumo y el estilo de vida de la persona en concreto, nos podemos encontrar con situaciones muy distintas de contacto con las drogas. Sin lugar a dudas, sobre todo en relación al uso “recreativo” de drogas, el consumo supone una evolución por niveles “genéricos” que se resumen en lo siguiente:

EXPERIMENTACIÓN

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Situaciones de contacto inicial con una o varias sustancias que pueden suponer una experiencia puntual o la continuidad en los consumos. En casi todas las realidades culturales, la adolescencia es la etapa en que surgen este tipo de consumos con mayor frecuencia, con un alto porcentaje de personas que no reincide en el mismo. Normalmente son situaciones en las que se desconocen los efectos de la sustancia y el consumo se realiza dentro de un grupo de referencia.

CONSUMO OCASIONAL

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Uso intermitente de la droga, sin periodicidad fija y con largos intervalos de abstinencia. Habitualmente se sigue consumiendo en grupo. La persona ya conoce la acción de la sustancia en su organismo y continúa el consumo “ocasional y en similares circunstancias” a las de la experimentación. Siguen sin ser consumos planificados, normalmente.

CONSUMO HABITUAL

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Supone un consumo frecuente y planificado. Teniendo en cuenta las cantidades ingeridas, la frecuencia del consumo o la situación física, psíquica y social de la persona, no se detectan consecuencias negativas inmediatas sobre el consumidor ni su entorno. Esta práctica puede conducir a otras formas de consumo, dependiendo de la sustancia concreta, la frecuencia del consumo, las características de la persona, el entorno que le rodea, etc. Normalmente la persona amplía las situaciones en las que recurre al consumo, lo hace tanto en grupo como individualmente, conoce perfectamente los efectos y aumenta su tolerancia, siendo más altas las dosis en cada consumo o percibiendo en menor grado los efectos de similares dosis.

ABUSO

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Comienzan a darse consecuencias negativas para el consumidor y/o su entorno, bien por las cantidades ingeridas, la frecuencia de consumo y/o por la propia situación física, psíquica y social de la persona. Para saber si nos encontramos en presencia de una situación de uso o de abuso, cada caso supone el análisis de diversos aspectos del consumo (sustancia en cuestión, pautas de consumo y  contexto personal y social en el que el consumo tiene lugar). Por ejemplo, el consumo de diez cigarrillos podría ser considerado no excesivo, sin embargo, cuando esta cantidad se consume con una frecuencia diaria, puede favorecer alteraciones respiratorias. Por el contrario, alguien podría consumir cocaína en una sola ocasión, pero hacerlo en tal cantidad que desencadenara algún tipo de accidente cerebral. Puede que una mujer sea moderada en sus consumos habituales de alcohol y tabaco, pero si los mantiene durante el embarazo estará incurriendo en abuso. 

DROGODEPENDENCIA

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Forma de consumo asociada con el “ansia”, con un alivio temporal de frustraciones, con consecuencias negativas (orgánicas, familiares, legales, laborales, etc), y con muchos problemas para controlarlo. Se prioriza el uso de una sustancia frente a otras conductas consideradas anteriormente como importantes. Varios aspectos indican que una persona tiene drogodependencia (Ver apartado “Indicadores generales de drogodependencia”) y se suelen dar en su mayoría. Pero cada caso será distinto porque cada persona y sus circunstancias son diferentes. Las drogodependencias pueden ser leves, moderadas o severas según el grado de pérdida de autocontrol, los años de consumo, la sustancia en cuestión, etc. Existen dos tipos: DEPENDENCIA FÍSICA, cuando el organismo se ha habituado a la presencia constante de la sustancia y necesita mantener un determinado nivel en sangre para que no experimente síndrome de abstinencia (característico de cada droga). DEPENDENCIA PSICOLÓGICA, que implica compulsión por consumir  periódicamente para experimentar un estado “agradable” (placer, bienestar, euforia, sociabilidad, etc.) y/o librarse de un estado “desagradable” (aburrimiento, tristeza, timidez, estrés, frustración, síndrome de abstinencia física, etc).

La dependencia física es relativamente fácil de superar tras un período de desintoxicación variable según la droga en cuestión. Es más complejo superar la dependencia psíquica, ya que requiere promover cambios en la conducta, hábitos, emociones y relaciones durante un periodo mucho más largo de tiempo.